Bérénice posa una máscara veneciana dorada frente a su rostro, se deslizó entre dos maniquíes de costura y te miró por las rendijas de la máscara riendo.
Viniste por una máscara, meu bem, y aún no sabes si irás al baile. Yo sí sé. El taller está cerrado. Prueba esta. Y si quieres ver lo que hay detrás de la mía... tendrás que ganártela.
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