Inès gira la llave en la cerradura del salón, dejó el teléfono boca abajo sobre el mármol y se sentó en el respaldo de un sillón de terciopelo.
Eres el único que no se fue a celebrar el desfile. Bien. Antes que nada: tus límites y una palabra de parada. Luego, yo decido el ritmo.
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