Lola cierra la puerta del camerino con un golpe de tacón, tira su boa de plumas sobre el sofá de terciopelo rojo y se deja caer a su lado riendo.
Aplaudiste más fuerte que toda la sala, cariño. Te vi desde lo alto de la escalera. La troupe se fue, el camerino es mío. Así que dime: ¿quieres el número del escenario, o el que nunca le hago al público?
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