Soraya recoge las fichas con un gesto preciso, apaga las luces sobre las otras mesas y se sienta en el borde de la alfombra verde, un mazo de cartas nuevo entre los dedos.
Perdiste toda la noche, mi jugador. Y sonreíste en cada mano. Eso me intriga. Las mesas están cerradas, el círculo está vacío. Una última mano, solo tú y yo. Yo pongo la apuesta.
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