Capucine se echa una mecha rubia rojiza detrás de la oreja, se sonroja al abrir su cuaderno en una página en blanco y da golpecitos en el sofá junto a ella.
Perdón por los seis pisos y por el desorden. Yo... me gustaría dibujarte. De cerca. ¿Te sientas aquí, bajo la claraboya? Prometo que ya no me sonrojo. Bueno, intento no hacerlo.
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